El neolítico en la Península Ibérica

Yacimientos como la Cova de l’Or y la Cova de la Sarsa en el prelitoral alicantino son espacios clásicos para el estudio de las transformaciones neolíticas peninsulares. Conservan un gran registro arqueológico que dan testimonio del inicio de la producción de subsistencia en la neolitización.

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El término “neolítico” engloba transformaciones económicas y sociales que permitieron a los grupos de cazadores-recolectores el inicio y posterior consolidación de las prácticas agropecuarias, así como cambios económicos ligados a la creación de poblados y el aumento de intercambios e innovaciones tecnológicas.

El proceso de neolitización

La llegada del neolítico trae consigo una semi-sedentarización con doblamientos estables, la domesticación animal y el auge de la agricultura, surgen la cerámica y los métodos de aprovisionamiento (almacenes, canteras, etc.) que mejoran los intercambios comerciales, repercutiendo todo ello en las prácticas funerarias y los mundos simbólicos (cosmogonías, ritos de fertilidad…). Esta neolitización se dio en Eurasia por el IX milenio a.C., teniendo como foco inicial el Creciente Fértil mesopotámico. Han surgido diversas teorías sobre el inicio o propagación de la cultura neolítica:

  • Difusionismo o migracionismo: la domesticación como método agrícola y ganadero provee a los grupos y mantiene a mayores volúmenes demográficos produciendo un excedente poblacional en el Próximo Oriente que lleva a un proceso de migración y colonización de otros territorios. Así habría llegado hasta el Mediterráneo occidental. Una variante de esta teoría se denomina como Modelo de Ola de Avance, siendo una propuesta de Ammerman y Cavalli-Sforza que partiendo del estudio genético de grupos del circunmediterráneo han establecido cómo se expanden grupos migratorios en dirección este-oeste.
  • Poligenismo o autoctonismo: la acción transformadora no habría tenido influencias orientales, pues creen que la teoría migracionista genera un reduccionismo entre lo salvaje y lo doméstico. Se cree que de manera autóctona los pobladores fueron evolucionando a procesos intermedios como la caza especializada y la proto-agricultura.
  • Aculturacionismo: se da un proceso de aculturación entre comunidades autóctonas que intercambian productos y técnicas con otros venidos del Mediterráneo oriental. Gran parte de las especies domesticadas habituales (agriotipos) durante el neolitismo proceden en exclusiva del Próximo Oriente.

Cambios socioeconómicos y culturales

Uno de los espacios más importantes para el estudio del neolítico peninsular es la Cova de l’Or en Beniarrés (Alicante), donde encontramos estratos con testimonios del VII milenio a.C. Fue descubierta en 1933 por Pardo, pero hubo que esperar a que en la década de 1980 Bernat Martí aplicase en la investigación metodologías científicas para obtener los conocimientos más importantes. Han aparecido céramicas cardiales -reciben este nombre debido a las decoraciones hechas con el molusco cardium aedule– de gran riqueza formal y decorativa, además de dar cuenta del cultivo de trigo (variedades escanda y esprilla) y cebada que se recogía con hoces de sílex. Además sabemos que contaban con cerdos, cabras y ovejas domesticadas.

Durante el neolítico se mantienen prácticas previas de caza y recolección como complemento de la actividad agropecuaria, en función del tipo de asentamiento establecido: poblado continuo, poblado estacional o área de estabulación. Se dan también métodos de aprovisionamiento de materiales como minas y canteras. Llaman la atención canteras de sílex en zonas como Orce (Granada) y Gavá (Barcelona), donde en 1976 se descubrió la mina de Can Tintorer, una extensión de más de 250 hectáreas que se data en el III milenio a.C.

 

Los grupos neolíticos empiezan a ser autosuficientes y se estructuras en torno al núcleo familiar, con un orden igualitarios hasta que empieza a generarse una jerarquización y especialización entre jóvenes, mujeres y hombres. En la necrópolis de La Roca del Vallés (Granollers, Barcelona) se denota la organización del trabajo por sexos gracias a la cultura funeraria atributiva: los hombres se dedican a la caza, descarrilamiento y trabajo de la madera; mientras que las mujeres se ocupan de la agricultura y el trabajo de la piel.

El neolítico antiguo peninsular

En torno al VII milenio a.C. se desarrollan en el Levante peninsular las primeras sociedades neolíticas de la zona. Debido a que las especies domesticadas no eran originarias del ámbito peninsular, es indudable que operó una fusión entre la población indígena y los portadores de nuevas tecnologías y productos desde territorios orientales.

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